domingo, 1 de agosto de 2010

¿USTED ES HETEROSEXUAL?


¿USTED ES HETEROSEXUAL?

Por Carlos Alberto Dansey

Un diálogo:
-¿Usted es heterosexual?
-No.
-¿Entonces es homosexual?
-No, tampoco.
-¿Pertenece a un tercer sexo?
-Menos aun.
-Disculpe, entonces ¿Qué es Ud.?
-Soy varón, o sea de sexo masculino.
-Acabemos, eso quiere decir que es heterosexual.
-De ninguna manera. Vaya al diccionario y verá que HETERO es una raíz griega que significa “otro” o “diferente”. Si decimos que alguien es heterosexual le estamos diciendo que tiene otro sexo además del que aparenta, cosa imposible, salvo el caso de los hermafroditas, que por una malformación congénita tienen la anatomía del sexo femenino y masculino, hecho bastante raro. La palabra sólo puede utilizarse para designar una reunión de personas de ambos sexos. La reunión es heterosexual, pero no las personas, ya que cada una tiene un sexo determinado, que no cambia por el hecho de estar en una reunión que se califica como heterosexual. Si en lugar de eso la reunión es exclusivamente de varones o de mujeres, se trataría de una reunión homosexual en cada caso. Esto es así porque todas las personas reunidas son del mismo sexo entre ellas. Por eso los baños de un restaurante, de un bar o de una escuela, o sea lugares a los que concurren personas de ambos sexos, son para homosexuales. Solamente para varones o solamente para damas. No se mezclan, por explicables razones de decoro. Si hubiera un solo baño, sería para heterosexuales, es decir, para personas de ambos sexos. En conclusión: es una palabra sin  sentido si alguien se califica a sí mismo de “heterosexual”, con excepción del hermafroditismo.
-No termino de comprender. ¿Por qué es común decir matrimonio “heterosexual”?
-Esa es una terminología introducida en los últimos años, pero es inexacta porque desde su más remoto origen (desde los comienzos de la civilización) la palabra matrimonio significa la unión de sexos opuestos, no hay necesidad de aclararlo porque sería una redundancia tonta, como decir: suba arriba o baje abajo. El matrimonio se inicia hace miles de años por la unión estable de personas de distinto sexo, mediante la cual (¡oh caramba! no necesito decirlo) se mantiene la corriente imperecedera de la humanidad. La decantación que significa el milenario proceso civilizatorio alcanza su máxima expresión con las enseñanzas de Jesús, 2000 años atrás, cuando predica la necesidad de respetar esa unión estable, como prenda de paz entre los hermanos (ahora diríamos: paz social). Por eso las distintas religiones (no solamente el cristianismo) tomaron en sus manos esta materia de alta delicadeza, como es el matrimonio (asunto completamente ajeno a si tú crees en Dios o no crees). Al  margen quedan las excepciones, como ocurre con los musulmanes, que aceptan la poliginia (la unión de un  varón con varias mujeres). No confundir con la poligamia, palabra que engloba tanto a la poliginia como a la poliandria (esta última, unión de una mujer con varios varones).                     También hay que dejar a salvo las actitudes personales que pueden darse al margen de la institución matrimonial, por ejemplo, nos casamos por tres años,  o hasta que uno de los dos decida, etc. Eso queda en el plano personal y no afecta a los caracteres de la institución, que no tienen por qué modificarse para adaptarse a los caracteres variables de las personas; de lo contrario dejaría de ser una institución, como ocurre ahora con la legislación civil, que pasó a regular un matrimonio descartable (como ocurre con las botellas de plástico) por voluntad de cualquiera de los cónyuges, en cualquier tiempo. Perdió su estabilidad institucional y naturalmente, dejó de ser una institución, para transformarse en un contrato de menor exigencia que la compraventa de cualquier cosa: un automóvil, una casa, una radio. Estas son operaciones que se cumplen puntualmente. El matrimonio, en cambio, es rescindible a voluntad, sin ningún inconveniente. La estabilidad es ahora una cuestión que depende esencialmente de las buenas o malas intenciones de los cónyuges, no es una nota de la reglamentación legal, al contrario, ésta permite la rescisión.
            Está a la vista, entonces, que el matrimonio cayó en una banalización ante los ojos del legislador, quien ahora se considera autorizado para aceptar una alteración de mayor envergadura, por lo absurda, al introducir el gaymonio, siguiendo el precedente de países europeos. No hablemos de razones, aquí se impone el número, respaldado en argumentos caprichosos, como lo pudo captar cualquier persona con mínimo sentido de la lógica, al escuchar el debate en el Senado de la Nación.

1 comentario:

Elba Victoria Schaaf dijo...

Eduardo... Me encantó entrar en tu blog. Fué la primera vez que lo hice.
Gracias. Es muy completo y trata temas que nos nyteresan a todos/as. Un beso